El escenario sociocultural, político y económico en el que se desarrolla la educación superior ha promovido cambios organizacionales en las universidades e importantes desafíos en la revisión crítica del ejercicio de la docencia universitaria.
Si se analizan los parámetros de identidad profesional del docente universitario, se advierte que frecuentemente están vinculados al beneficio del status social que otorga la docencia universitaria más que a la elección de la docencia como profesión. Así, la docencia ejercida como una actividad marginal a la que se dedica tiempo que se resta de las ocupaciones más rentables, se sustenta en la experiencia docente capitalizada por el solo hecho de ejercerla. De ningún modo se pretende descalificar con esta afirmación el valor de lo intuitivo en la configuración de las prácticas docentes; muy por el contrario, se rescata lo experiencial como dimensión heurística necesaria en el ejercicio de la docencia.

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